viernes, 3 de abril de 2009

TIERRAS (CAPÍTULO IV)

*La soledad arremetía contra ella como el más feroz de los dragones.Las mañanas y las tardes estaban llenas de una aire que Alaya no podía respirar.
Desde la partida de Líonërz nada había sido igual.Ese hombre,aunque fugazmente,había llenado tanto su vida que ahora,no sabía como seguir sin su presencia.
Las conversaciones con el herrero Tenthor y con su mujer, Melistis,que antaño tanto la agradaban,ahora las encontraba carentes de todo sentido.Tanto era aquel sentimiento de añoranza que el miedo comenzó a apoderarse de ella.
El fuerte ruido de pisadas acercándose le devolvieron a la realidad.Un gran grupo de apestosos tartalos a lomos de enormes bestias peludas se abrían paso a través del bosque en dirección a Düarlek.
Alaya,sintiendo una repentina punzada de terror,se deslizó a través del marco de la puerta de su casa cerrándola sigilosamente a su espalda.La pequeña ranura que se abría a través de la cerradura le permitió ver cuanto en el exterior acontecía.
Entre los tartalos,pudo divisar una figura que,contraponiéndose con los horribles seres, se erguía orgullosa sobre su montura.
De un solo vistazo la joven comprobó que el caballero,bastante jóven a su parecer,y de cabellos negros azulados,mostraba una gran cicatriz que le cruzaba la cara desde la sien derecha hasta la mejilla contraria,y que, parando su montura frente a su casa, se disponía a descabalgar.
De rostro enjuto y de belleza extraña,su cara mezclaba el odio y la arrogancia con una esquisitez asombrosa.
Cuando Alaya quiso darse cuenta de que aquel caballero se acercaba,éste,ya aporreaba la frágil puerta de madera que los separaba.
-¡Abrid o haré tirar la puerta!-gritó su voz desde fuera.

Su voz,al igual que su cara,desprendía odio,y su gravísimo tono asustó a la jóven.Se dirigió decidida aunque asustada a la puerta mientras el hombre comenzaba a llenar sus pulmones en un nuevo grito.
Una vez la puerta se hubo abierto,éste lo ahogó inmediatamente.
Con los ojos fijos en Alaya,presos de su belleza salvaje,entonó de la forma más cortés que supo:
-Mi nombre es Telio,hijo de la maga Kiope-pronunció orgulloso-Mis ejércitos pasarán varias lunas en este lugar.El viaje ha sido largo,¿Dispondríais de un vaso de vino para este caballero?-añadió intentando parecer humilde,aún sin conseguirlo.
Alaya,bendiciendo a los dioses por haber conseguido evitar la furia de aquel hombre sonrió imperceptiblemente.

-No dispongo de vino caballero más podría ofreceros una jarra de agua-dijo la jóven a modo de disculpa

-Ni el mejor de los vinos caería con mayor gusto al estómago que el agua que provenga de vuestro pozo-respondió Telio sonriendo descaradamente.

La maldad reflejada en esa sonriso hizo que a Alaya se le erizara el vello,más pensó que no debía hacerse conjeturas en su cabeza pues hasta el momento,aquel hombre se había mostrado cortés aún en su arrogancia.
Alaya frente a lo desconcertante de la situación y haciendo descender su cabeza mostrando así una pequeña reverencia,giró sobre sus talones y se dispuso a llenar una gran jarra de agua en la gran tanqueta de madera que descansaba tras su casa.
Una vez llena,volvió de nuevo a la puerta descubriendo con gran asombro que aquel caballero que respondía al nombre de Telio descansaba sus posaderas en una de las sillas de la mesa del centro de la casa.

-Venid milady,-pronunció Telio mientras daba suaves golpes sobre la silla vacía de su diestra-ardo en deseos de conocer más acerca esta aldea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario